El Impuesto sobre Sociedades es el tributo que grava los beneficios obtenidos por las empresas, y aunque cada año se presenta de forma anual, su funcionamiento incluye pagos a cuenta a lo largo del ejercicio que conviene entender bien para no llevarse sorpresas de tesorería.
Qué grava el Impuesto sobre Sociedades
Este impuesto se aplica sobre el beneficio contable de la empresa, ajustado mediante una serie de correcciones fiscales que marca la Ley del Impuesto sobre Sociedades, para llegar a lo que se conoce como base imponible. Sobre esa base imponible se aplica el tipo de gravamen correspondiente, y del resultado se pueden restar determinadas deducciones y bonificaciones a las que la empresa tenga derecho, hasta llegar a la cuota final a pagar.
Es importante entender que el punto de partida no son directamente los ingresos, sino el resultado contable, del que se parte para hacer los ajustes fiscales que exige la normativa (algunos gastos contables no son deducibles fiscalmente, y viceversa).
Tipos de gravamen
Existe un tipo general que se aplica a la mayoría de las sociedades, y tipos reducidos para determinados supuestos, como algunas empresas de nueva creación durante sus primeros ejercicios con beneficios, entidades de reducida dimensión en ciertas condiciones, o determinados tipos de entidades con un régimen especial (cooperativas, entidades sin ánimo de lucro, etc.). Estos tipos y los requisitos para aplicarlos se revisan con cierta frecuencia por parte del legislador, por lo que el tipo exacto que corresponde a tu empresa conviene confirmarlo en el momento de calcular el impuesto, en lugar de darlo por hecho de un año para otro.
El sistema de pagos fraccionados
A diferencia de lo que ocurre con otros impuestos que se liquidan de una sola vez, el Impuesto sobre Sociedades se paga en parte de forma anticipada, a través de los llamados pagos fraccionados, que se presentan en varios momentos a lo largo del ejercicio. Estos pagos funcionan como anticipos a cuenta de la liquidación final del impuesto, que se calcula y ajusta cuando se presenta la declaración anual.
Existen distintas modalidades para calcular el importe de cada pago fraccionado, y la empresa puede optar por una u otra según le convenga (por ejemplo, en función de la cuota del ejercicio anterior o del resultado acumulado del propio ejercicio en curso). Elegir bien la modalidad tiene un impacto directo en la tesorería de la empresa a lo largo del año.
Deducciones y bonificaciones habituales
- Deducciones por inversión en determinados activos o actividades, como investigación y desarrollo, en las condiciones que marca la normativa vigente.
- Bonificaciones específicas para ciertos sectores o tipos de operaciones.
- Compensación de bases imponibles negativas de ejercicios anteriores, dentro de los límites que establece la ley.
- Deducciones por doble imposición en determinados supuestos, cuando aplican.
Aprovechar correctamente estas deducciones exige un buen conocimiento de la actividad de la empresa y de la normativa vigente, ya que cambian con cierta frecuencia y sus requisitos suelen ser bastante específicos.
Obligaciones formales que acompañan al impuesto
Además de calcular y pagar la cuota correspondiente, las sociedades sujetas a este impuesto deben cumplir una serie de obligaciones formales, como la llevanza de una contabilidad ajustada al Plan General Contable, la conservación de la documentación que soporta cada ajuste fiscal practicado, y la presentación de la declaración anual dentro del plazo establecido tras el cierre del ejercicio. El incumplimiento de estas obligaciones formales puede generar consecuencias independientes de si el resultado del impuesto ha sido correcto o no, por lo que conviene prestarles la misma atención que al cálculo de la cuota.
Por qué conviene hacer seguimiento durante el año
Uno de los errores más habituales es no revisar la situación fiscal de la empresa hasta que llega el momento de presentar la declaración anual. Hacer una estimación del resultado del ejercicio con cierta antelación permite calcular mejor los pagos fraccionados, anticipar la carga fiscal del año y, en su caso, planificar decisiones (como inversiones o gastos) que puedan tener impacto en el impuesto final.
El Impuesto sobre Sociedades tiene una estructura más compleja que otros impuestos que gestionan las empresas en su día a día, y sus tipos y deducciones concretas cambian con el tiempo, por lo que conviene revisarlo con detalle cada ejercicio y no dar por buenas cifras de años anteriores.