Desde que se implantó el sistema de cotización de autónomos basado en los rendimientos netos reales, muchos profesionales se preguntan cómo elegir correctamente su tramo de cotización, qué pasa si se equivocan en la previsión y con qué frecuencia pueden ajustarlo. Es un sistema que da más flexibilidad que el anterior, pero también exige prestar más atención durante el año.
Qué significa cotizar por rendimientos netos
A diferencia del sistema anterior, en el que el autónomo elegía libremente una base de cotización casi sin relación con lo que realmente ganaba, el sistema actual vincula la base de cotización a una previsión de los rendimientos netos que se espera obtener a lo largo del año. Estos rendimientos se calculan, de forma simplificada, restando a los ingresos los gastos deducibles de la actividad, y aplicando después determinados porcentajes y deducciones que fija la normativa.
En función de en qué tramo de rendimientos netos te sitúes, existe un rango de bases de cotización entre las que puedes elegir, lo que determina tanto tu cuota mensual como tus futuras prestaciones.
Este sistema afecta prácticamente a todos los autónomos, con independencia del sector o de si se trata de una actividad a tiempo completo o compaginada con otra ocupación, por lo que conviene entender bien su funcionamiento desde el primer momento del alta, y no solo cuando llega la regularización anual.
Cómo elegir el tramo adecuado
Elegir bien el tramo pasa por hacer una previsión realista de cómo va a evolucionar tu actividad durante el año, no solo de los ingresos que facturas, sino también de los gastos que vas a soportar. Algunas recomendaciones prácticas:
- Si tu actividad es estacional o irregular, es preferible hacer una media anual en lugar de fijarte solo en los meses más fuertes o más flojos.
- Si acabas de empezar y no tienes histórico, conviene ser prudente y ajustar en cuanto tengas datos reales de los primeros meses.
- Tener en cuenta que elegir una base más alta implica una cuota mensual mayor, pero también mejora las prestaciones futuras (jubilación, incapacidad, cese de actividad).
- Revisar la previsión cada pocos meses, aprovechando las ventanas de cambio que permite el sistema a lo largo del año.
Qué pasa si te equivocas en la previsión
El sistema prevé una regularización anual: al cierre del ejercicio, la Seguridad Social compara los rendimientos netos que realmente has obtenido con la base por la que has cotizado durante el año. Si has cotizado por debajo de lo que te correspondía según tus ingresos reales, tendrás que abonar la diferencia; si has cotizado por encima, puede haber devolución.
Por eso es recomendable no dejar la elección de la base en piloto automático, sino revisarla con cierta periodicidad, especialmente si notas que tu actividad se está desviando bastante de lo que habías previsto al principio del año.
Qué ocurre si compaginas varias actividades
Si compaginas varias actividades por cuenta propia, o si tu actividad cambia de forma significativa a lo largo del año, el cálculo de los rendimientos netos previstos se complica un poco más, porque hay que tener en cuenta el conjunto de tus actividades económicas, no solo una de ellas de forma aislada. En estos casos es todavía más recomendable hacer un seguimiento periódico, en lugar de fijar la base al principio del año y no volver a revisarla hasta la regularización. Un buen hábito es marcar en el calendario un par de revisiones al año, coincidiendo por ejemplo con el cierre de cada semestre, para contrastar la previsión inicial con los datos reales acumulados hasta ese momento.
Relación con la declaración de la renta
Los datos que se usan para la regularización están directamente relacionados con los que declaras en el IRPF, por lo que llevar una contabilidad y un registro de ingresos y gastos ordenado durante el año no solo sirve para tus impuestos, sino también para ajustar bien tu cotización y evitar sorpresas cuando llegue la regularización.
Cotizar por rendimientos reales exige un poco más de seguimiento que el sistema anterior, pero bien gestionado permite ajustar la cuota a la realidad de cada momento del negocio, sin pagar de más ni exponerse a regularizaciones importantes al final del año. En ACA Auditores solemos recomendar revisar la previsión de rendimientos con cierta frecuencia, sobre todo en actividades con ingresos variables.