Cada campaña de la Renta, millones de contribuyentes presentan su declaración, y una buena parte de ellos comete errores que podrían haberse evitado con un poco más de atención. Algunos de estos errores hacen que se pague más de lo necesario; otros, en cambio, pueden derivar en un requerimiento posterior de Hacienda. Repasar los fallos más habituales antes de confirmar la declaración es una forma sencilla de reducir ambos riesgos.
Confiar ciegamente en el borrador sin revisarlo
El borrador que ofrece la Agencia Tributaria es una ayuda muy valiosa, pero está construido con la información que Hacienda ya tiene, que no siempre está completa ni actualizada. Confirmar el borrador sin revisarlo es, probablemente, el error más extendido, y suele traducirse en la pérdida de deducciones a las que el contribuyente sí tenía derecho, como las autonómicas, o en la omisión de ingresos que Hacienda desconoce y que después puede reclamar mediante un requerimiento. Revisar cada apartado, aunque parezca repetitivo, es un paso que no conviene saltarse.
Olvidar cambios en la situación personal o familiar
Un nacimiento, un matrimonio, una separación, un cambio de vivienda habitual o la incorporación de un ascendiente a cargo son circunstancias que afectan directamente al cálculo del impuesto, a través del mínimo personal y familiar o de determinadas deducciones. Como estos cambios no siempre están reflejados en los datos que Hacienda ya posee, es responsabilidad del contribuyente comunicarlos correctamente en la declaración. Olvidarlos suele suponer pagar más de lo que correspondería, o en algún caso, aplicar un beneficio al que ya no se tiene derecho.
No declarar todos los ingresos
Es habitual pensar que solo hay que declarar el sueldo principal, pero la obligación alcanza a todas las rentas obtenidas: alquileres, intereses de cuentas, dividendos, ventas de acciones o fondos, premios, ingresos por actividades económicas puntuales, entre otros. Hacienda recibe información de bancos, empresas y otros organismos, y cruza esos datos con lo declarado por el contribuyente. Cuando aparece una discrepancia, lo habitual es que llegue una notificación pidiendo explicaciones, con el consiguiente disgusto y, en muchos casos, con recargos e intereses.
Errores relacionados con deducciones y reducciones
- No aplicar las deducciones autonómicas por desconocimiento, al no venir precargadas automáticamente en el borrador.
- Confundir gastos deducibles de un alquiler con gastos de mejora, que se tratan de forma distinta.
- Olvidar declarar aportaciones a planes de pensiones u otros productos con derecho a reducción.
- Aplicar deducciones sin cumplir realmente todos los requisitos exigidos, lo que puede generar un requerimiento posterior.
- No conservar la documentación justificativa de las deducciones aplicadas, necesaria en caso de comprobación.
Errores en la tributación conjunta o individual
Las parejas casadas pueden optar cada año entre presentar la declaración de forma individual o conjunta, y esta decisión no siempre es evidente. Muchas familias eligen automáticamente la misma opción que en años anteriores sin comprobar si sigue siendo la más favorable, cuando en realidad conviene simular ambos escenarios cada campaña, porque un cambio en los ingresos de cualquiera de los dos miembros de la pareja puede alterar cuál de las dos opciones resulta más ventajosa.
Presentar la declaración a última hora
Dejar la declaración para los últimos días del plazo añade presión y aumenta la probabilidad de cometer errores por las prisas, además de dificultar la revisión pausada de toda la documentación necesaria. Presentarla con margen de tiempo permite revisar con calma cada apartado, resolver dudas antes de confirmar, y en caso de que el resultado sea a pagar, planificar mejor cómo afrontar el pago, incluida la posibilidad de fraccionarlo.
Un repaso final antes de confirmar
Antes de dar por buena la declaración, conviene hacer una última comprobación: que los datos personales y familiares están actualizados, que se han incluido todos los ingresos del año, que se han revisado las deducciones estatales y autonómicas aplicables, y que se ha comparado, si procede, el resultado de la tributación individual y conjunta. Este repaso final, que apenas lleva unos minutos, es la mejor forma de evitar tanto pagar de más como recibir un disgusto posterior en forma de requerimiento.
La mayoría de los errores en la Declaración de la Renta no vienen de mala fe, sino de las prisas o del desconocimiento de algún detalle concreto. Dedicar un poco más de tiempo a revisar cada apartado, especialmente en los años en que ha habido algún cambio personal, familiar o patrimonial relevante, es la forma más sencilla de presentar una declaración correcta y ajustada a la realidad de cada uno.