Recibir una notificación de la Agencia Tributaria suele generar más nerviosismo del que en realidad justifica la mayoría de los casos. Un requerimiento o una propuesta de liquidación, popularmente conocida como paralela, no implica necesariamente que se haya cometido un fraude ni que la situación sea grave. En muchas ocasiones se trata de una simple discrepancia de datos, un cruce de información que no cuadra o una comprobación rutinaria. Lo importante es entender qué tipo de comunicación se ha recibido y actuar dentro de los plazos, con la documentación adecuada.

Qué es exactamente un requerimiento y qué es una paralela

Un requerimiento es una petición formal de Hacienda para que el contribuyente aporte información, documentación o aclaraciones sobre algún aspecto de su declaración. Puede pedir, por ejemplo, que se justifique un gasto deducido, que se acredite la titularidad de un bien o que se expliquen discrepancias entre lo declarado y los datos que Hacienda tiene de terceros (bancos, empresas, otros organismos). Una paralela, en cambio, es una propuesta de liquidación: Hacienda ha detectado, según sus propios datos, que el resultado de la declaración debería haber sido distinto, y propone una nueva cuota a pagar, normalmente con intereses. En ambos casos, la comunicación indica un plazo para responder o alegar, que hay que respetar.

Los primeros pasos al recibir la notificación

Antes de reaccionar, conviene seguir un orden:

  • Comprobar que la notificación es auténtica y corresponde realmente a la Agencia Tributaria, a través de los canales oficiales.
  • Leer con calma qué ejercicio y qué concepto se está revisando, y cuál es el plazo de respuesta.
  • Localizar la declaración original y toda la documentación relacionada con el punto que se cuestiona.
  • Valorar si la discrepancia tiene una explicación razonable (un error propio, un dato mal comunicado por un tercero, una diferencia de criterio) o si efectivamente hay algo que corregir.
  • Preparar la respuesta o las alegaciones dentro del plazo indicado, aportando los justificantes que sean necesarios.

Errores frecuentes que conviene evitar

El error más habitual es no responder a tiempo, ya sea por desconocimiento, por dejarlo pasar o por no saber cómo hacerlo. Si el plazo se agota sin respuesta, Hacienda puede dictar la liquidación de forma definitiva sin haber podido valorar las alegaciones del contribuyente, lo que suele derivar en una situación peor que si se hubiera contestado. Otro error frecuente es responder de forma incompleta, sin aportar toda la documentación necesaria, lo que puede obligar a un segundo intercambio de escritos y alargar el proceso. También conviene evitar caer en el pánico y pagar sin más una propuesta con la que no se está de acuerdo, cuando existe la posibilidad de alegar y explicar la situación.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Algunos requerimientos son sencillos y se pueden resolver aportando un documento concreto. Otros, en cambio, implican interpretaciones normativas más complejas, cantidades elevadas o varios ejercicios a la vez, y ahí es donde conviene contar con el criterio de un asesor que conozca el procedimiento tributario y sepa cómo redactar las alegaciones de forma adecuada. En ACA Auditores solemos recomendar revisar cualquier notificación de Hacienda con calma antes de responder, porque una alegación bien planteada desde el principio suele evitar que el procedimiento se complique o se alargue innecesariamente.

Qué ocurre después de responder

Una vez presentadas las alegaciones o la documentación solicitada, Hacienda debe valorarlas y comunicar una resolución: puede archivar el expediente si las explicaciones son satisfactorias, modificar la propuesta inicial o confirmarla. Si el contribuyente no está de acuerdo con la resolución final, existen vías de recurso, tanto en la propia Agencia Tributaria como, posteriormente, ante otros órganos, cada una con sus propios plazos y requisitos formales que conviene respetar escrupulosamente para no perder el derecho a recurrir.

Un requerimiento o una paralela no son, por sí mismos, motivo de alarma, pero sí requieren atención y una respuesta cuidadosa dentro de plazo. Guardar bien la documentación de cada declaración durante los años en que Hacienda puede revisarla es, en la mayoría de los casos, la mejor forma de afrontar este tipo de comunicaciones con tranquilidad. Actuar con orden, sin dejar pasar los plazos y aportando desde el principio toda la información relevante, suele marcar la diferencia entre un trámite que se resuelve en unas semanas y un procedimiento que se alarga innecesariamente durante meses.